Living Colour en Groove: deuda más que saldada

La banda recreó “Vivid”, uno de los discos clásicos del rock norteamericano. Esta vez el sonido superó las expectativas, y el grupo compensó el concierto del año pasado.

Por Fabrizio Pedrotti, por Rock.com.ar.

“No. Ni yo necesito tu remera, ni vos mis lentes”, le responde Corey Glover con mala onda a un fanático que le propone un trueque. Al poco tiempo, le contesta a otro: “¡Ya te dije que no vamos a tocar ‘Ignorance is Bliss’!”. Esta noche, sumado a que el cantante se queda estático durante casi todo el show, se nota que no está con el mejor humor. Puede ser por el cansancio (luego de un show en Chile y dos consecutivos en Brasil), y es totalmente comprensible.

Por suerte, Vernon Reid se carga el concierto al hombro y juega todo el tiempo con la ironía y el sarcasmo. “Miren, necesitamos la colaboración de ustedes. Cuando Corey se los indique, ustedes van a decir: ‘yeah’. Pero no antes, ¿entendido?”, desafía el guitarrista antes de desenfrenar el shredding explosivo de “Freedom of Expression (F.O.X.)”, la tercera canción de la jornada.

Tal como le había adelantado el bajista Doug Wimbish a Rock.com.ar, este recital iba a ser especial “para redescubrir las canciones de hace treinta años”, pero también para reflejar cómo estaba el grupo hoy. Por eso, el show abre con “Preachin’ Blues”, “Who Shot Ya?” y la ya mencionada “Freedom…”, todas de “Shade” (2017).

Una vez que pasa ese bloque, llega lo esperado: “Saben por qué estamos acá, ¿no? Vamos a tocar todo ‘Vivid’ (1988) de principio a fin, incluyendo las partecitas divertidas del medio”, dice Reid, que aprovecha a cambiar su icónica PRS por una vieja Hamer de las primeras épocas. Ideal para celebrar el cumpleaños.

De ahí en más, la banda respeta el orden del álbum: “Cult of Personality” puede haber sonado hasta el cansancio, pero toma un color distinto en cada recital. Y que no suene a cliché: los fills de Will Calhoun varían noche a noche, y el baterista juega con los ritmos sincopados como si tensara las cuerdas de un cuadrilátero de box. Pareciera que en cualquier momento todo se fuera a caer, pero justo cuando el tempo llega al límite, el músico endereza los compases y queda claro que la jugada no es más que un buen truco.

“I Want to Know” y “Desperate People” son de esas que Living Colour rara vez toca, y unas de las tantas en las que Glover demuestra que aunque no esté de buen humor, es uno de los mejores vocalistas del rock. Sobre todo cuando llega a semejantes agudos bordeando los 60 años.

En “Open Letter (To a Landlord)”, el cantante se saca por primera vez los lentes oscuros y hace una intro extendida, mientras Vernon alienta al público para que salga de su zona de confort. En tanto, en “Funny Vibe” y “Memories Can’t Wait”, Wimbish lanza unos efectos que parecen salidos de una película de ciencia ficción. Es algo que Muzz Skillings no hacía en 1988, y que le aporta al disco una frescura gratificante.

Durante “Glamour Boys” -cuya letra critica a la sociedad que gasta fortunas en ropa “para estar a la moda”, mientras acumula deudas en su tarjeta de crédito-, el vocalista recita: “Mírenme. Me corté el pelo, tengo saco y corbata… ¡pero aún sigo con deudas!”. Aunque ironiza con que él mismo podría ser uno de los que criticaba, estos 30 años demostraron que Glover, sus letras y sus trajes de colores (que emulan la tapa de “Vivid”) distan mucho de ser una moda pasajera.

El cierre del disco llega con “Which Way to America?”, otra que debería sonar más seguido, porque es el verdadero clímax del concierto: Calhoun va a toda potencia, Wimbish expone su lado más virtuoso, Reid demuestra por qué es uno de los mejores guitarristas y Glover llega a unos agudos incluso más sorprendentes. En consonancia con la letra, Vernon mete fraseos bien actuales: “Mi sistema de sonido está en mi teléfono; mi celular es el único aparato con el que sé llegar a casa”. Un cierre rebelde para un álbum igual de insurrecto.

Acto seguido, Will Calhoun queda solo y se carga al hombro su ya famoso solo de batería, pads y percusiones electrónicas. Incluso, alguien le grita: “¡Tocá una de Depeche Mode!”. Por suerte, el sonido de Groove es muy bueno durante todo el concierto, sobre todo luego de que el año pasado la banda sufriera ante la inclemencia de los ventiladores (que tapaban el sonido que llegaba desde el escenario), algo que en esta visita se corrige y que le suma puntos.

El show se cierra con dos clásicos de “Time’s Up”: la divertida “Elvis is Dead” -mientras ingresan a los camarines las bolsas de comida para los músicos- y la infaltable “Type”, con la frase de que “todo lo que se va, debe volver”. Y eso pasa con ellos: aunque no querramos, tienen que irse. Pero por suerte, cada vez regresan en mejor forma. Así que cuando te pregunten cuál es tu color favorito, ya sabés qué responder: ¡Living Colour!

Puntaje: 9.

Foto: Agencia Télam.

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