Por qué Depeche Mode dio su peor show en la Argentina

Aunque en La Plata no faltaron clásicos, sí falló todo lo demás: desde las pantallas hasta el sonido. Crónica de un concierto accidentado y con gusto a poco.

Por Fabrizio Pedrotti, para Rock.com.ar.

La banda de Dave Gahan, Martin Gore y Andy Fletcher pasó por todo tipo de traumas. Desde las adicciones a la heroína de su cantante, incluyendo la competencia compositiva dentro del grupo, hasta la deserción de varios miembros. Y aunque sortearon dignamente todos esos problemas, en la Argentina dieron el peor show de sus tres visitas.  

Según las cifras oficiales, 45.000 personas asistieron a la presentación de Depeche Mode en el Estadio Único de La Plata, el sábado 24 de marzo. Las entradas habían salido a la venta el 20 de abril de 2017, casi un año antes del concierto. Los precios iban desde $1.440 (por un campo trasero) hasta $3.220 (por una platea numerada, incluyendo costos de servicio). 

Como era la primera visita de la banda desde 2009, las expectativas eran altas. Dos discos de estudio habían pasado (“Delta Machine”, de 2013; y el reciente “Spirit”, de 2017), y la gira volvía a incluir un fuerte apoyo visual gracias al trabajo del histórico diseñador Anton Corbijn.

La puesta en escena incluía una pantalla que cubría todas las dimensiones del escenario, y otras dos a los costados. Además de proyectar las visuales, también permitirían que el público que no había podido acceder a un campo VIP (de un tamaño gigantescamente vergonzoso) pudiera ver al trío inglés.

TRISTEZA NÃO TEM FIM

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Depeche Mode en vivo, durante su gira anterior. Un parámetro de cómo debería haberse visto el show en La Plata.

Pero la alegría duró sólo diez minutos. Luego de “It’s no good”, la segunda canción, las pantallas comenzaron a fallar. Y la iluminación, que era deficiente, tampoco colaboró. De esta forma, las 45.000 personas vieron el 90% del show a oscuras. Había que imaginarse que Gore, Gahan, Fletcher y compañía estaban en el escenario.

Los silbidos no se hicieron esperar, y en su mayoría llegaron desde el campo trasero y las plateas. Además, en estos sectores el sonido fue pobre, un combo nada positivo.

Para peor, la banda no acusó recibo en ningún momento. Dave Gahan seguía haciendo sus piruetas en clásicos como “World in my eyes” y “Enjoy the silence”, como si ignorara que solamente era una sombra en medio de unas pocas luces verdes, rojas y azules.

Durante “In your room” las pantallas hicieron un esfuerzo por encenderse, y volvió la alegría… pero nuevamente, no duraría. A los pocos segundos, mientras Dave Gahan intentaba levantar a una audiencia desconectada -que había pagado noventa pesos por un vaso de agua, y ochenta por un paquete de Sonrisas-, apareció detrás suyo el escritorio de Windows. Sí: Depeche Mode, aquel grupo tan reconocido por sus espectáculos tremendamente visuales, estaba tocando con unos íconos y un puntero de mouse de fondo.

Y aquí viene la mayor irresponsabilidad del grupo: aunque algunos quieran llamarlo profesionalismo, el trío británico no hizo referencia a los “desperfectos” en ningún momento. Tampoco se pausó el show para intentar solucionarlo, ni se encendieron las luces que apuntaban al público. Mucho menos agregaron uno o dos temas como “compensación” para quienes habían pagado casi cuatro mil pesos… y apenas pudieron oír algo.

Para terminar, cuando el público se estaba retirando ofuscado luego del clásico “Personal Jesus” -que pareció ser tocado mientras se jugaba al “cuarto oscuro”- las pantallas sí se encendieron y mostraron el logo de la productora (DG Entertainment, del empresario Daniel Grinbank). Pareció una provocación para las miles de personas que aún estaban en el estadio, que se despacharon cantando “¡Hijos de puta, hijos de puta!” hasta la salida.

INTENTANDO QUE LAS COSAS CAMBIEN

Al día siguiente, Depeche Mode emitió un frío comunicado en el que le relegó la culpa “a los proveedores locales del video”, y aclaró que había sido “uno de los mejores conciertos del tour”. Pero la demagogia no alcanza para compensar el precio de las entradas, ni la decepción de casi diez años de espera. Hasta el momento, DG Entertainment no publicó ningún mensaje al respecto.

Ahora, gran parte del público se unió en Facebook para iniciar una demanda colectiva y que al menos les devuelvan parte de lo que abonaron. Mientras tanto, los fanáticos acérrimos de Depeche Mode se rasgan las vestiduras en las redes sociales, acusando a los críticos de “quejarse de lleno”.

Pero no existe peor ciego que el que no quiere ver. O en este caso, “no existe peor ciego que el que no pudo ver”. Y en un país en el que la estafa es moneda corriente, sería extraño que las cosas cambiaran. Esperamos que el reembolso llegue: sino, habrá que dejar de ir a los shows masivos hasta que paren de tratarnos como ganado.

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