Ian Anderson: “Mi próximo disco será como Iron Maiden, pero con flauta”

Ian Anderson

El líder de Jethro Tull dice que en su siguiente álbum abordará “el lado oscuro del amor”. Además, adelanta la reedición de un clásico. Entrevista exclusiva.

Por Fabrizio Pedrotti, para Rock.com.ar.

El hotel en el que se hospeda Ian Anderson es uno de los mejores de Recoleta. Aunque sea un sábado a primera hora, decenas de turistas que no saben ni una palabra de español recorren el lugar. En el restaurante interno está sentado el líder de Jethro Tull, chequeando las noticias desde su celular.

“Todavía falta media hora para la entrevista. Andá al lobby”, le dice en seco a este periodista cuando le anuncia su llegada. “Ya sé, solamente quería avisarte que ya estaba acá, y que iba a esperarte”, le responde quien escribe. Anderson lanza una mirada nefasta, y vuelve a clavar sus ojos en el teléfono.

Veinte minutos más tarde, el flautista aparece en el vestíbulo. “Seguime”, dice, y se dirige hacia un recoveco más oscuro. Pero, aunque parezca que está de mal humor, se toma ¡dos horas! para un reportaje que originalmente iba a durar unos pocos minutos.

La razón por la que Ian Anderson se levantó temprano es la triple presentación en la Argentina de “Jethro Tull: The Rock Opera”, un espectáculo en el que se pregunta cómo sería hoy la vida del agricultor que le dio el nombre a la banda. Es un show digital, con el que seguirá de gira hasta diciembre por los Estados Unidos y Europa. Para narrar la historia del granjero, Anderson tuvo que cambiar la letra de varias canciones clásicas, además de escribir otras nuevas.

-A “Locomotive Breath” la habías compuesto en 1970, influenciado por “el fuerte crecimiento de la población”. Es algo que hoy te preocupa más que nunca, ¿verdad?

-Sí. Por cómo avanza el cambio climático, la ciencia va a tener que ser muy inteligente. Y los políticos y los científicos deberán explicarles a todos que si quieren alimentarse, van a tener que aceptar las nuevas tecnologías de cultivo, clonación y modificación genética. Hay dos caminos: reducir en un 50% la población mundial, o aumentar en un 30 o 40% la producción. Las últimas estadísticas de las Naciones Unidas dicen que entre 11 y 13 billones de personas estarán en el planeta al final del siglo, mientras que las estimaciones previas de hace unos años habían sido de 9 billones.

-¿Pensás que vamos a encontrarle una salida?

-Sólo si ciertas culturas y religiones frenan con la obsesión de producir bebés y de tratar a las mujeres como ciudadanas de tercera clase. Algunos se creen “verdaderos hombres” porque son padres de cinco, seis o diez hijos. Cuando escucho que se agrandan, me intriga saber si no tendrán el pene chiquito como una hormiga. Las mujeres no deben quedarse embarazadas sólo porque sus maridos no quieran usar preservativos. Algunas de ellas emigran a países con una “vida mejor”, con gente como Ángela Merkel. Me horroricé cuando leí que ganó un Premio Nobel de la Paz: creo que es muy estúpida, o realmente cruel. Abrió las puertas para la inmigración, pero cientos de mujeres y niños van a morir. Van a entrar con cuatro o cinco chicos, pensando que el gobierno les va a regalar dinero; mientras que Alemania sólo intentará aumentar su economía, porque tiene una fertilidad de 1.6 o 1.7 puntos (menos de dos niños por familia).

Anderson, que fue galardonado como Miembro del Imperio Británico en 2007, brinda una posible solución: “Creo que empoderar a las mujeres sería la respuesta para la mayoría de los problemas del planeta. El mundo es un lugar raro, y lo terrorífico es que cada vez se hace más grande e imparable. ‘Locomotive Breath’ habla sobre eso: no podemos frenar este tren loco… no sin cambios fundamentales en la forma de pensar”.

El archivo no miente. Aunque el flautista tiene menos pelo, sigue con la misma vitalidad.

-En esta ópera estrenaste varias canciones. ¿Son de ahora, o las tenías de antes?

-Las hice a todas entre la primera y la segunda semana del año. Podrán no ser las mejores que escribí, pero la idea era que funcionaran con la narrativa. La concepción de que en un musical o en un disco cada tema es genial, claramente es una mentira. Hay algunos que simplemente están para “cumplir”.

-Lo que también te preocupa, y que tratás en el espectáculo, es la cantidad de dinero que genera la industria farmacéutica.

-Sí. Los CEO deberían ganar como mucho 20 o 30 millones de dólares anuales, y ya es demasiado. Me parece que no está bien recaudar eso y no pagar 50% o 60% de impuestos. En 1975, un especialista me explicó cómo podría moverme a Suiza, reducir mi carga tributaria y firmar con empresas off-shore. Cuando le pregunté qué haría si fuera yo, me dijo: “Pagaría en regla, como todo el mundo. Sino vas a estar intranquilo por 5 o 10 años. Mi consejo es que duermas bien todas las noches”. La gente se tiene que sentir contenta de pagar impuestos, porque colabora con escuelas, servicios sociales y hospitales.

-El problema es cuando algunos gobiernos se quedan con ese dinero y no lo invierten, que es lo que pasa en la Argentina.

-Claro, pero eso no ocurre en mi país, ni tampoco en los Estados Unidos (risas). Ciertos políticos que están al frente de países pequeños se roban la plata y la ponen en bancos de afuera, en islas del Caribe o en paraísos fiscales. Es una lástima.

Ian Anderson

¿Demasiado viejo para rockear? Nunca.

Ian Anderson también se prepara para publicar la nueva edición de “Too Old to Rock and Roll, Too Young to Die” (1976), que fue remezclado por Steven Wilson, quien ya venía trabajando con el catálogo de Jethro Tull. Además de los temas originales y de varias curiosidades, se incluirán dos canciones inéditas: “Salamander’s ragtime” y “Commercial traveller”.

“Esas eran demos sofisticadas, con muchos arreglos y ensayos –explica el flautista-. Si las hubiese lanzado en aquel momento, hubiera pasado más tiempo laburándolas, modificando solos o grabando mejores voces. Pero eran ‘usables’ en cuanto a guitarras, bajos, teclados y baterías. El boxset se publicará el…” (Busca su celular para chequear).

-¿27 de noviembre?

-Ah, tenés la fecha. Exacto. En 2016 planeamos lanzar “Songs from the wood” (1977), también remezclado por Steven Wilson, quien además ya está trabajando en “Stand up” (1969). Este último es un disco importante para mí, porque fue mi debut con canciones eclécticas e influenciadas por la música clásica y el jazz. Arranqué a escribirlas a los 21, y fue el primer álbum “real” del grupo.

-El tipo de la portada de “Too Old…” se parece demasiado a vos. ¿Fue intencional?

-Es un dilema. Si hablás sobre un personaje y lo ponés en la tapa, a la gente se le va a dificultar asociarlo con la banda. Así que tuve la tentación de usar un dibujo similar a mí, y meterme como actor. Lo mismo con la portada de “Aqualung” (1971), y eso se extiende a la música. Si escuchás a Alanis Morissette, es todo sobre “yo y mis sentimientos”. La amo y es una gran compositora, ¿pero podrías imaginarte despertándote todas las mañanas al lado de ella y que empiece a contarte eso? No durarías demasiado (risas). Yo hablo sobre gente, circunstancias o problemas. Mi yerno –el famoso Andrew Lincoln- mata zombies en The Walking Dead, pero en la vida real es un padre de familia que saca a pasear a su perro. Una vez él tenía que ir a un evento de caridad, y estaba sin ganas. Mi esposa le dijo: “¡Por Dios, Andy, sos un actor. Actuá!” (risas). Y a mí me pasó algo así cuando fui al show de David Letterman por primera vez. El tipo me hizo miles de bromas, me sentí mal y fue horrible. Así que a la segunda visita me convencí de que se iban a reír de mí, pero que no lo tenía que tomar como algo personal.

Un video de la presentación de Ian Anderson en el programa, junto a Martin Barre.

-El personaje de la portada de “Aqualung” también es similar a vos, y hay tres teorías: la primera es que fue una idea original de quien hizo la portada, la segunda es que tu exesposa les sacó las fotos a unos vagabundos y la tercera es que posaste y el artista trabajó con eso. ¿Cuál es la real?

-La última. El tipo -Burton Silverman- fue al Lyceum Theatre, donde ensayamos en agosto de 1969. Ahí tomó las imágenes.

-¿De vos haciendo ese gesto…?

-No necesariamente, simplemente algunas mías y de los demás, y después las dibujó. Los bocetos internos también se crearon a partir de eso. Pero el tema “Aqualung” nació luego de que mi primera mujer me mostrara fotos que les había sacado a unos tipos de la calle en el sur de Londres. Cuando las vi, le respondí: “Hagamos una canción de esto”. A ella se le ocurrieron un par de frases, luego yo aporté otras y la construimos. Me acuerdo que compuse la música en un hotel de los Estados Unidos, pero a la letra la armamos en Inglaterra. Una de sus líneas fue: “Snot running down his nose” (moco bajando por su nariz). Yo no la hubiera escrito de ese modo, porque me sonaba vulgar.

-Cuando “Aqualung” salió, se esparció el rumor de que algunas iglesias quemaron el vinilo. ¿Fue verdad?

-Creo que sí. No diría necesariamente “iglesias”, pero algunos miembros de religiones cristianas extremas tuvieron una reacción un poco mala (risas). Lo loco es que más allá de eso, recibí (y sigo recibiendo) un montón de mensajes de gente que se cuestiona su fe. Si sos creyente debés disfrutar de otros puntos de vista, y no debe ser algo que te asuste. Es como el caso del pene pequeño: los tipos que tienen opiniones extremas sobre Dios es porque sufren profundas inseguridades, y necesitan creer en algo sin ninguna sospecha. Una vez le pregunté a un cura amigo: “¿Qué pasa cuando te despertás y no estás tan convencido de tu fe?”. Me contestó: “Nadie lo va a admitir, pero la confianza y la duda están unidas”. La fe ciega es pura mierda, y lo de las reacciones extremas me sigue ocurriendo.

-¿Por ejemplo?

-Hace dos años, unos bautistas me estaban esperando afuera de un concierto en los Estados Unidos. ¿Sabés qué me dijeron? Que yo era Satán (risas).

Un tren imparable

-Vi que planeabas lanzar un DVD de la ópera de Jethro Tull el año que viene. ¿Ya está confirmado?

-Sí. Probablemente lo filmemos en dos noches a principios de 2016, quizás con Ryan O’Donnell –el cantante de apoyo de Anderson, que ahora porque está abocado a un musical-.

-¿Dónde pensás grabarlo?

-En Europa. Habrá dos o tres cámaras en cada concierto, pero capaz también usemos algunas GoPro. Lo positivo es que hoy los dispositivos de alta definición son baratos, y mientras alguien apriete un botón se puede grabar en buena calidad. Filmarlo me costará 4 o 5 mil dólares, y en cuanto al audio, tengo Logic X en mi laptop. Aunque a veces hay que comprar interfaces, muchas herramientas están disponibles digitalmente. Podés mandar las señales a una notebook y guardarlas en multipista.

Serios. La banda que suele acompañar a Ian Anderson en sus giras

-Totalmente. Por ejemplo, sé que Steven Wilson te mandó algunos avances de la remezcla de “Too Old…” desde una laptop, en su camarín.

-¿Viste? Seguro que él hubiera preferido no hacerlo en ese entorno, porque las opciones son más limitadas. Hoy tendemos a encarar las cosas de una manera distinta, y eso nos da flexibilidad y nos abarata costos. Para alquilar un estudio en la década del ’70 se te iban por lo menos 250.000 libras. En 1983, cuando construí el mío, gasté menos de 100.000. Y actualmente… (se ríe), mejor ni te digo. Steven no usa una consola real, directamente trabaja con la que viene integrada en Logic.

-Wow, no me lo imaginaba.

-Igualmente, en el estudio sí teníamos un mixer. Lo usábamos como preamplificador, y luego mandábamos todo a una interface digital. La consola “real” sirve, porque te permite modificar las cosas en el momento y suena más orgánico. Hoy el valor de los discos es fraccionario con respecto a hace veinte años. El vinilo de “Too Old…” se vendía en 1976 por U$S6.99, y era mucho dinero. Hace poco lo volví a buscar en Amazon, y estaba a U$S6.98 (risas). Si contás la inflación que hubo desde esa época hasta ahora, los álbumes cuestan bastante menos. Pero también hay cambios en las regalías. Décadas atrás, el músico ganaba más del doble del que componía. Hoy es totalmente al revés. Para mí es genial porque compuse los temas, pero para los exmiembros de Jethro Tull es catastrófico. Sus sueldos bajan mes a mes.

-¿Alguna vez cobraste menos que los demás integrantes?

-No, como músico y compositor siempre gané más, pero al ser el productor de los discos también tenía que pagar. Algunos en la banda se habían acostumbrado por décadas a que la plata les entrara sin trabajar, porque seguían recibiendo dinero por los días que pasaron en Jethro Tull. Un ejemplo es el del bajista Jeffrey Hammond, que estuvo de 1971 a 1976 y vivió de eso todo el tiempo. Hoy sufre mucho económicamente, porque nunca laburó ni ahorró. Yo le había dicho: “No podés esperar que las cosas sigan siendo así. Van a cambiar”. Ahora está en el hospital, después de una cirugía por la que esperó un montón, y no le alcanzó para pagar una clínica privada. Incluso el guitarrista Martin Barre, que hizo más plata que los otros, admite que ya no tiene. Eso es porque la gastó en estupideces: botes, autos, casas. A veces la gente no piensa qué puede pasar. ¿Y si me enfermo y se me complica seguir trabajando? Voy a tener que pagar mis médicos.

La opinión del flautista es tajante. “Está mal hablar así de mis colegas, pero si hubieran guardado mejor la guita o se hubieran dedicado a otras cosas… la historia sería diferente. Yo no puedo hacerme responsable, porque son gente adulta y toman sus decisiones -añade mientras toma un sorbo de café-. Me da bronca que desperdiciaran parte de su vida y que fueran vagos. Algunos sí la hicieron bien, como el tecladista John Evan, que dejó Jethro Tull y fundó una fábrica de construcción”.

Pensativo. El británico analiza sus próximos pasos

Más planes a futuro

-En una entrevista anterior me habías contado que tenías la idea de lanzar una autobiografía. ¿Cómo viene eso?

-Este no es un buen momento, porque el año que viene voy a encarar algo que quiero que aparezca ahí. Aparte no sería un libro tan interesante, ni a lo Keith Richards, porque soy bastante aburrido: como solo, viajo solo y uso el tren. Después de que hable con vos, no diré una palabra hasta la prueba de sonido.

-Pero es como le dijeron a tu yerno… ¡Tenés que actuar!

-¡Sí! (risas). El tema es que no me gustaría escribir sobre los exmiembros de Jethro Tull, ni inventar historias. Ahora estoy con otra meta editorial: compilar todos los temas de mi carrera en una edición limitada, con fotos. Me va a llevar un año o dos. Voy a imprimir mil o dos mil copias autografiadas, y también las voy a subir gratis. Lo hago porque en internet mis letras tienen millones de errores, y nunca encontré una correcta.

-Hace poco también barajabas la idea de hacer un disco con un cuarteto de cuerdas…

-¡Sí! Ya voy por la mitad de los arreglos. Va a incluir las canciones clásicas de Jethro Tull, y dos o tres reversiones de material antiguo.

-¿Como Bach?

-Sí, por ejemplo el “Prelude in C Major”. La idea es grabarlo a principios de 2016. Yo voy a poner la flauta, la guitarra y algunas voces. Escribir para esa instrumentación es difícil, porque es un grupo chico y todo debe quedar perfecto. Al no tener una orquesta gigante, es desafiante. También tengo otro proyecto que voy a empezar en enero, que esencialmente es un álbum más “de flauta”, con material nuevo. Van a haber algunas canciones tradicionales, pero con énfasis en ese instrumento y una onda rockera.

-¿Del estilo de “Divinities: Twelve Dances With God” (1995), pero más heavy?

-Tengo un eje definido, pero no quiero contarlo. Va a incluir la flauta “d’amore”, que es más larga y está dos o tres semitonos abajo. Suena más redondeada, suave y romántica. Y aunque pueda haber una o dos canciones tiernas, voy a explorar el lado oscuro del amor. Shakespeare escribió muchos sonetos, pero además analizó broncas, traiciones, celos y odios. Cualquiera que esté en una relación lo sabe: no todo es flores y besos. También es tortura y gente pasando por cosas horribles. Ya está, te conté el eje (risas). En joda, hace poco le dije a uno de los músicos: “¡Esta idea es genial! Podría ser mi canción sobre necrofilia”. Me preguntó si hablaba en serio, y le respondí que sí. Es un asunto muy oscuro y terrible, pero hay gente que lo hace. Nunca escribiría sobre la pedofilia, por ejemplo, porque no habría una forma correcta de abordarla. Pero bueno, el sexo con muertos está bien (carcajadas). No, estoy bromeando. Otro tema válido sería cuando alguien publica fotos de su expareja al separarse, como “venganza”. Es un tópico interesante, porque involucra a las dos partes y una lo hace para “sentirse mejor”. El disco sería del estilo de Iron Maiden, aunque con flautas lindas. Te haría pensar que soy Bruce Dickinson… ¡pero siempre con una pierna levantada!

Si te gustó, te puede interesar: La primera (2013) y la segunda (2014) entrevista de Fabrizio Pedrotti con Ian Anderson.

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