Sunn O))) en Londres: dentro del show más extremo del mundo

Los estadounidenses, caracterizados por sus atmósferas densas, dieron un recital en un distinguido teatro inglés. Qué los convierte en únicos.

Por Fabrizio Pedrotti, enviado exclusivo de Rock.com.ar.

Varios testigos dijeron que, quienes están en la primera fila de los shows de Sunn O))), sienten como si estuvieran en frente de “un avión 747 despegando”. La comparación es válida: Stephen O’Malley y Greg Anderson son los pilotos de este gran avión del drone. Pero, como en todo vuelo, en este concierto hay jet lag.

El paisaje en el Barbican Centre es, como mínimo, pintoresco: los viejos empleados del teatro –acostumbrados a orquestas sinfónicas- le indican la entrada al auditorio a barbudos con camperas de Sleep, Burzum y OM.

Sunn O2 foto Anne Weckstrom
Foto: Anne Weckstrom

Varios minutos antes de la hora pactada, el espectáculo arranca con Attila Csihar, de Mayhem, subiendo a cantar unos salmos gregorianos mezclados con el tono de un didgeridoo. Suenan disruptivos, imprevisibles, y hasta provocan la risa de algunos neófitos. Claramente, no saben lo que les espera.

La niebla empieza a cubrir la parte baja del teatro, pero todavía se puede ver entre las sombras. Unos minutos más tarde, será una tarea imposible.

Sunn O - 2 Anne Weckström 7
Foto: Anne Weckstrom

De repente empiezan a sonar teclados y guitarras en fade in. La transición es lenta. Como en todo avión, el despegue no debe ser brusco. Los moogs de Tos Nieuwenhuizen y Stebmo recuerdan al progresivo de la escena Canterbury: este grupo está más influenciado por Gran Bretaña de lo que parece, y por grupos como Caravan, Camel y Gong.

Un cuarto de hora más tarde, la nave está en el aire. Sunn O))) es, literalmente, la banda más pesada del planeta. Por su atmósfera densa, por sus capuchas y por sus temáticas, pero sobre todo por sus decibeles. Aunque suene nítido, algunos –que no se entiende cómo no llevaron tapones- deciden que tantos amplificadores juntos son demasiado, y abandonan el viaje. Son los primeros caídos de la noche del martes. Obviamente, se tiran al vacío.

Varios minutos después, la banda empieza a “jugar” con muchos acordes. A saber: para el universo de Sunn O))), eso significa meter tres notas en dos horas. La monotonía se rompe cuando Stembo improvisa en vivo con un trombón. Parece sólo un detalle, pero es uno de los puntos más altos del show.

Attila sube y baja del escenario en intervalos espaciados, pero la maquinaria de Sunn O))) no se detiene ni por un segundo. Aunque tocan más de una canción, no hay pausas ni intervalos de ningún tipo.

Los últimos 45 minutos empiezan a ser el “desenlace”, con el vocalista de Mayhem gritando de dolor mientras un casco con luces coloridas gira sobre su cabeza. El cantante se desafora, como si sintiera realmente un calvario y sus alaridos tuvieran una raíz. Si está fingiendo, es un muy buen actor.

La bruma ya llega hasta el tercer piso del teatro, e incluso cubre parte del hall. Nadie se mueve de su butaca. Rara vez se ven las caras de O’Malley, Anderson y sus tres instrumentistas acompañantes.

Los protagonistas no son ellos, ni tampoco Attila: son la pared de equipos Sunn, acomodados a lo Stonehenge; los Ampeg y la niebla. Las luces están totalmente apagadas, y si alguno quiere sacar fotos o grabar videos, lo mejor es que tape la pantalla de su teléfono. Sino, interrumpirá la atmósfera del de al lado.

Sunn O Foto Dave Pettit
Foto: Dave Pettit

El otro punto alto del concierto llega con “Candlegoat”, para el final. Todo el público ya está en trance, y si alguien quiere levantarse de su asiento e irse, a esa altura le será imposible: ya habrá llegado muy lejos en el viaje.

A diferencia del despegue, el descenso sí es abrupto. El show se corta repentinamente, y los seis Sunn O))) saludan al 75% de la audiencia que todavía está en el teatro. Los oídos, extrañamente, no duelen. Nadie vomita, ni parece tener dolor de cabeza. Como en el jet lag, esos efectos llegan unas horas después.

El miércoles, más de uno se despertará con su cerebro tratando de armar el puzzle sonoro de Sunn O))), y será mejor que se tome el día libre. Los sesos le pedirán compasión, y los oídos clamarán por un silencio total mientras se recuperen del tinnitus –que esperan que sea temporal-.

Cualquier intento de hacer algo productivo o de levantarse de la cama será en vano, pero es parte del proceso de asimilar el haber visto a la banda más legendaria del drone metal.

¿Vale la pena? Sí. Al poco tiempo, va a pasar lo inesperado: que más allá de los dolores, los decibeles y los malestares del día siguiente, tu cabeza te va a pedir que los vuelvas a ver. Y será mejor que le hagas caso.

Puntaje final: 4,5 estrellas.

 

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