Pain of Salvation en The Roxy: descarga a tierra de emociones

La banda sueca tocó por segunda vez en la Argentina, esta vez para presentar “In the passing light of day”.

Por Fabrizio Pedrotti, para Rock.com.ar.

“Gracias”, dice tímidamente Daniel Gildenlöw después de “Inside”, el primer tema de su bis en Buenos Aires. Parece una locura que sea el mismo tipo que, segundos antes, gritaba guturalmente y se movía por el escenario como una gárgola. Pero para él, Pain of Salvation es más que un grupo: es una descarga a tierra, el lugar en donde plasma lo más profundo de sus emociones.

La cuestión tiene aún más sentido si se considera que “In the passing light of day” (2017) se compuso después de que Gildenlöw se haya enfermado con una “fascitis necrotizante” producida por una bacteria carnívora. El cantante pasó varios meses en un hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte, y se ve que esas emociones calaron hondo.

Esta noche, la banda entera parece ponerse de nuevo en ese plan sensible: desde los sentidos coros del guitarrista Johan Hallgren (que volvió a su puesto luego de años, reemplazando a Ragnar Zolberg y con luces rojas en mástil de su viola), hasta los inesperados registros altos del baterista Léo Margarit en “On a tuesday”. Y casualmente hoy es martes, el mismo día de la semana en el que Gildenlöw nació y “renació” en el hospital.

Hacer sonar bien a una banda como Pain of Salvation puede ser la tarea más fácil del mundo, o la más complicada: son músicos eximios, pero cualquier error en el sonido afectaría gravemente al recital. Por suerte The Roxy está a altura, y eso se nota desde que el grupo abre con “Full throttle tribe”.

Sólo se entremezclan, desde el bar de la entrada, unos segundos de música durante la ambiental “Silent gold”, en la que también se llegan a oír las botellas de la barra. Pero pocos lo perciben.

Lo que sorprende es el protagonismo que también tiene la guitarra de Gildenlöw cuando procede a hacer sus solos: las cuerdas se escuchan casi tan fuerte como su voz, y se destacan sobre los demás instrumentos. Una mezcla casi tan perfecta como la de un disco de estudio.

Los momentos de mayor conexión con el público se dan cuando el propio vocalista arenga con el riff de “Linoleum”, mientras explica que los presentes tendrán que levantar los brazos al igual que Pain of Salvation. Ahí es donde el bajista Gustaf Hielm -que pasó por las filas de Meshuggah y Dark Funeral- pregunta irónicamente si los argentinos “sabemos pescar”.

Llegando al final, a eso de las once de la noche, los porteños ya le demostraron -no sólo a él, sino a toda la banda- que lo que mejor “pescan” son las emociones. Y Pain of Salvation está más que contenta de entregar eso. Es un show en el que todos ganan, y pocas veces se da una ecuación tan perfecta. Podemos celebrar.

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