Mike Patton en el Gran Rex: el circo de la versatilidad

El cantante de Faith No More volvió con su proyecto “Mondo Cane”, en el que versiona clásicos italianos con una orquesta. Por qué es uno de los músicos contemporáneos más interesantes.

Por Fabrizio Pedrotti, para Rock.com.ar.

En “Carousel”, de Mr. Bungle, Mike Patton invocaba a un payaso, a dulces algodones de azúcar, y a una montaña rusa que corría hacia “los ríos de la mente”. Todo esto, enmarcado en un contexto circense lleno de diversión. Básicamente, una mezcla entre un espectáculo y un parque de diversiones.

Algo así fue lo que se vivió el jueves en el Teatro Gran Rex, cuando Patton volvió -después de siete años- a presentarse con Mondo Cane. El vocalista es considerado uno de los mejores dentro de su rubro, y no hay dudas de por qué: en un mismo tema puede ser más versátil que cualquiera, yendo de una suavidad total hasta el éxtasis absoluto. Muchas veces, incluso gritando sin la necesidad del micrófono amplificándolo.

Esa versatilidad también se ve en los miembros de su gran orquesta. El vientista Enrico Gabrielli agarra un saxo tenor, un clarinete y una flauta traversa… ¡en una sola canción! Esto último, sumado a la guitarra distorsionada de Alessandro Stefana, le da una cadencia similar a la de Jethro Tull. En varios pasajes el violero parece rendirle homenaje a Martin Barre, algo que se complementa perfecto con la flauta traversa.

Patton se apoya fundamentalmente en dos de los músicos que más conoce: el baterista Scott Amendola y el percusionista William Winant (que justamente colaboró con Mr. Bungle). Es a ellos a quienes mira durante gran parte del concierto, mientras gira su silla y le da la espalda a la audiencia. Otra de las figuras destacadas de esta orquesta es Vincenzo Vasi, un músico surreal con pinta de científico loco, que le mete su theremin a casi todos los temas. Y lo más sorprendente, es que funciona perfecto. Quienes esperaban una orquesta italiana típica -como los señores mayores sentados en la fila 11- huyen despavoridos, al grito de “¡Esto es un bochorno!”. Lástima por ellos.

A todo esto se le suman una veintena de músicos (gran parte de ellos argentinos) y una montaña rusa de Patton hacia todos los estados de la mente: desde las suaves “Il cielo in una stanza” “Scalinatellla” y el cover de “Vuelvo al sur”, de Ástor Piazzolla; hasta el lúgubre clima de “O venezia, venaga, venusia”.

Pero el circo de Mike tiene mucho más: hay una pistola con la que tira disparos de fogueo en “Che notte!”; el famoso megáfono que lo acompaña en los temas que le piden una voz más “rota” y distorsionada; el panel de plástico que divide su espacio del de los violinistas argentinos -y que golpeará hasta el cansancio- y hasta un pucho que le pide a la platea para “Una sigaretta”.

Una hora y media en el parque de diversiones de Mike Patton es equivalente a pasar días enteros dentro de Disney World. Cada cosa tarda tiempo en procesarse y entenderse, como si realmente hubiera habido una montaña rusa pasando encima del público. Al fin y al cabo, eso es lo que enamora de Mondo Cane: que es inclasificablemente hermoso.

Puntaje: 8.50/10.

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