Vapors of Morphine en Vorterix: cada vez más Vapors

En su sexta visita, el trío encontró el punto justo entre la nostalgia y la identidad. Por qué sigue funcionando como un organismo vivo.

Por Fabrizio Pedrotti, para Rock.com.ar.
Fotos: Joaquín Pertierra (Recitarg).

“Traje este instrumento en mis pantalones desde Boston”, dice Dana Colley cuando el concierto de Vapors of Morphine va casi por la mitad. Acto seguido, se mete la mano en los bolsillos… y saca un triángulo de metal. “Alguien nos pidió esta canción. ¿Fuiste vos?”, remata.

Todo el concierto sigue ese código. Hay dobles sentidos, sarcasmo absurdo y, más que nada, mucha comodidad. Se nota que la banda se siente a gusto: es la sexta gira que Vapors of Morphine encara en nuestro país desde su llegada al ND Ateneo en 2011 (en aquel momento, con el nombre Members of Morphine with Jeremy Lyons). 

Ese crecimiento, sin embargo, fue escalonado y estuvo lejos de ser lineal: lo que se escuchaba en su primera visita sin Mark Sandman era una banda que seguía los estándares de Morphine (incluso con sus dos bateristas, Jerome Deupree y Billy Conway, tocando a la vez). Pero las cosas cambiaron.

Hoy, con Tom Arey en ese lugar, el grupo es cada vez más Vapors y menos Morphine. Y no tiene por qué ser algo malo.

“Thursday”, por ejemplo, parece versionada por Primus. La batería reemplaza su toque africano por un sonido casi doom. Lo mismo pasa con “Have a Lucky Day” y “Honey White”, que cambian sus fills característicos por el pulso de un baterista de rock más directo. Algo se pierde en el camino, sobre todo para quienes tienen los discos como referencia.

Lo que se gana es que las canciones suenen más vivas. Si bien la nostalgia es clave, no es un “tributo” a la vieja usanza: hay lugar para temas como “Drop Out Mambo” e “Irene”, del disco “Fear & Fantasy” (2021); y para un invitado ya conocido -pero estelar- como Sergio Dawi. 

Y aunque la figura de la noche es Colley, Lyons es quien comanda todo. El bajista decide cuándo extender las canciones (e incluso le dicta a Colley y a Dawi que prolonguen sus solos en “Cure for Pain”), y también se ríe cuando debe reiniciar “Buena” porque su instrumento quedó en otro tono. “Solo tengo dos cuerdas, así que hay un cincuenta por ciento de chances de que suene afinado”, dispara.

Para los bises, con “Radar” y “Whisper”, Lyons canta “tengo todo el tiempo del mundo” y busca su reloj, mientras le pregunta al promotor si hay espacio para una canción más. Ahí parece vivir Vapors of Morphine: en un momento etéreo en el que no hay apuro, siempre que el movimiento sea hacia adelante. Y aunque los cambios nos hagan ruido, elegir ser Vapors también es apostar por la evolución.

Puntaje: 8/10.

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