Fernando Pau: “¿Querés un disco? Pagalo”

(Texto publicado en la revista Dale). El erudito rockero más conocido piensa que la piratería “es incombatible”, que la música se convirtió -de cierta forma- “en un bien gratuito” y afirma que no ve que la industria baje los precios de los lanzamientos.

Por Fabrizio Pedrotti.

Hace unos 30 años, este hombre cruzó el charco desde Montevideo y vende “música envasada” (como él la define) en Abraxas, una disquería de la Av. Santa Fe, Capital Federal, en donde se pueden encontrar desde ediciones rusas y japonesas de los Rolling Stones hasta vinilos de Pedro y Pablo.

¿Cómo llegaste a la música?

– De chico, escuchando la radio. Era una época en la que no existían MTV, Youtube o los programas musicales. Lo que hice era darme cuenta de qué emisoras pasaban lo que me gustaba, y a partir de ahí formé mi gusto y mi conocimiento.

¿Te acordás de cuál fue tu primera compra discográfica?

– Tenía 11 años. Fui a la disquería, y como me habían regalado un tocadiscos, pedí el último LP de los Beatles, porque me gustaban mucho y quería tener algo de ellos. Era el White Album, pero no me alcanzó la plata porque era doble. Le pregunté al vendedor si tenía otro, y me dijo que estaba el anterior. Lo compré y resultó ser Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, pero de una manera casual, con una connotación más económica que artística. Llegué a mi casa, vi que los temas que tenía el álbum no eran los que yo escuchaba por la radio, y me llamó mucho la atención. En esa época no había un revisionismo del rock ni notas que dijeran que fue un disco tremendamente importante. Es una anécdota muy curiosa, pero así empezó.

Es una discusión eterna, pero ¿creés que el vinilo es mejor que el CD?

– Desde el punto de vista del sonido, se puede decir que el LP suena con más aire, o que respira de otra manera, pero alguien puede opinar que el CD no tiene ningún ruido, y que aunque se escuche mil veces sigue sonando igual. No nos vamos a poner de acuerdo nunca. Lo que sí es indiscutible es que el compact es mucho más portable y que la relación que se establece con un LP es única. Yo prefiero el vinilo.

¿Cómo te impactó la llegada del formato Mp3?

– No la viví, y ni me interesa. Me parece completamente inútil, y mi experiencia es mínima. Me regalaron un reproductor portátil, me puse los auriculares y le pedí a un amigo que me grabe un disco de Led Zeppelin. Lo escuché y dije: “¡Esto suena horrible!”. No me gusta.

¿Quién pierde con la libre descarga?

– Es obvio que la bajada gratis dificulta la compra de música, pero muchas veces viene gente que dice: “Dame tal disco”, y cuenta que lo escuchó por internet y le gustó. Entonces, tiene aspectos positivos. El problema está en las nuevas generaciones, que tienen otras costumbres. La música es la banda de sonido de la gente en determinado período de su vida. Generalmente se consume entre que la persona consigue su primer trabajo, hasta que llegan los grandes compromisos, lo cual me parece lógico. Decile a un chico que hoy tiene 15 años, sin laburo y que descarga todos los temas o que escucha música por Youtube, que cuando consiga un trabajo gaste $100 en un CD. Te va a decir: “¿Por qué? Si yo lo bajo gratis”. Es muy difícil hacerle entender a esa generación que tiene que invertir en un disco, porque de alguna manera, la música se convirtió en un bien gratuito.

“La piratería es incombatible, porque está a un click de distancia, y hoy por hoy en la Argentina, hasta las clases sociales de menos recursos tienen computadora –opina Pau detrás del mostrador-. No tiene sentido hacer un allanamiento casa por casa. Hay que tratar de convivir con eso, con fórmulas que implican la improvisación permanente para relacionarse con algo que está instaurado, y que va a seguir siendo así”.

¿Pensás que hay que castigar a quien baja o prohibir las páginas de descarga?

– Es imposible pelear contra eso, porque se cierra un sitio y a los dos días sale otro. Edgar Bronfman, Jr. –CEO de Warner Music– le dio la extremaunción a las disquerías, y en una entrevista dijo algo que no se está cumpliendo: “Está fechado que entre 2011 y 2013, dejará de tener sentido enviar discos a las tiendas”. Bronfman tiene una visión macroeconómica de la cual quedo afuera. Los que queremos la música y pretendemos vivir de ella, podemos abstenernos de eso. Creo que por un tiempo considerable más, va a existir la curiosidad por los discos, porque es inherente al ser humano. Sino no habría chicos de 18 o 20 años que compran LP’s, que se dejaron de fabricar cuando ellos nacieron. La curiosidad los mueve a investigar, aunque no sea tan masivo como antes. Lo que falta es una racionalización de lugares que vendan música, en Buenos Aires hay demasiadas disquerías.

¿Ves que las discográficas hagan algo para frenar la piratería?

– La industria no está bajando el precio de los CD’s. Algunos entran en oferta, pero los lanzamientos siguen costando lo que se llama “Full price”. Si te gusta, perfecto. Sino bajalo. ¿Vos querés el disco? Pagalo.

Muchas disquerías quebraron, ¿cuál es la fórmula para que Abraxas siga después de 28 años?

– Creo que la receta es que es una de las pocas que tiene un concepto. Aspiro a que sea entendido por quien entra, porque se va a sentir cómodo en un marco en donde hay una línea. Existe un trabajo de selección, que hace que naturalmente se pierda determinado tipo de cliente. Acá no hay heavy metal, por ejemplo. Tenemos otras cosas, así que quienes busquen eso, se sentirán cómodos y seguirán viniendo. Al menos, esa es la esperanza.

Foto: Tatiana Daniele.

Texto publicado en la revista Dale de septiembre de 2011.

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