Pappo sigue vivo: entrevista con todos sus compañeros de Riff

Los músicos que lo acompañaron y varios periodistas especializados recuerdan al maestro de la guitarra, a siete años de su trágico fallecimiento.

Por Fabrizio Pedrotti.

“El legendario rockero murió a los 54 años en un accidente en Luján, mientras viajaba en moto junto a su hijo”, publicaban las crónicas periodísticas el 25 de febrero de 2005 sobre la muerte de Norberto Pappo Napolitano. En los primeros minutos de ese día, el guitarrista -que lideró Pappo’s Blues y Riff-, perdió el control de su Harley Davidson, su cuerpo cayó al asfalto y un auto lo embistió.

Víctor Bereciartua (Vitico) lo conoció muy bien: fue uno de los fundadores de Riff, y dice que lo extraña mucho. “El otro día se fue el Flaco, así que ya me siento un sobreviviente. Pienso siempre que el Carpo está viajando, y me acuerdo de los buenos momentos que pasamos, que fueron muchos. Doy gracias por haber tocado tantos años con él. Conocimos la gloria juntos. Jamás va a haber otro parecido, por lejos, en cuanto a su talento y a su sentido del humor. Era extraordinario. Si lo llegás a ver, decile que vuelva, que lo espero”, bromea el bajista.

¿Qué legado le dejó al rock?

Todo. A cada lugar que vamos a tocar con Viticus -la banda que lidera desde 2002-, hay bandas haciendo temas de Pappo o de Riff. Esas canciones quedaron como clásicas, no sé si porque son más fáciles o qué… aunque lo difícil es hacerlo bien. Pero hay más gente tocando esos temas que los de ningún otro autor, y me da un gran placer: porque Pappo sigue viviendo entre nosotros todo el tiempo.

En 1968, Norberto tocó en Conexión N° 5, un grupo de covers que montó el cantante Carlos Bisso. En un show de esa banda fue donde conoció a Michel Peyronel, quien recuerda poco de esa noche: “Yo era bastante tímido. Fue mi hermano Danny con quien se conoció primero. Más tarde lo volví a ver en la casa de unas amigas”.

Peyronel, que en los ‘80 se convertiría en el baterista de Riff, elige una anécdota graciosa para recordarlo: “Antes de su partida, venía a visitarme seguido a mi campo en Baradero, y para anunciarse tiraba unos tiros al aire con su Magnum 44. Mi hijo, que era chico, se mataba de risa con él. Yo también tenía un revólver, y una noche nos pusimos a hacer tiro al blanco. Es por eso que Cactus -el incondicional perro del Carpo- se escapó por miedo a los disparos, y mi hijo lo tuvo que ir rescatar a una tapera cercana donde ya estaba muy instalado”.

El Carpo fue siempre bastante inestable con los músicos que lo acompañaron. Por esa razón, Boff Serafine se enorgullece: “Fui el guitarrista que más duró a su lado. Me convocó para integrar Riff desde un principio, pero también hicimos Hoy no es hoy a mediados de los ‘80 y jamás pensé que desde 2000 y durante 2 años, iba a integrar Pappo’s Blues. En las rutas, él era uno más, jamás se quejaba de cómo viajaba. Un capo”.

¿Peleaban mucho?

Sí, tuvimos muchas diferencias a través de los años. Hubo cruces, distanciamientos, de todo, pero siempre volvíamos a amigarnos. Muchos conspiraron con esa amistad de tanto tiempo, por envidia tal vez. Las diferencias eran por varios motivos, pero jamás por la música ni por mujeres, sólo por conceptos y puntos de vista de cada uno.

¿Qué pensaría Pappo de las bandas de la actualidad?

Como en la música nada cambió, pienso que se mantendría fiel a lo que decía antes.

Boff imagina cómo sería un cruce entre Norberto y el grupo de cumbia Los Wachiturros: “Si a DJ Deró le dijo lo que le dijo… imaginate a estos terroristas de la música (risas)”.

Para el guitarrista Miguel Botafogo –quien debutó en Pappo’s Blues a los 17- todo lo que vivió con Pappo fue gratificante, porque siempre aprendió. Pero disfrutó más de los momentos en los que el Carpo estaba de buen humor: “Te podías reír todo el día, desde que te levantabas. A la noche se iluminaba y hacía tocadas sublimes, más de lo que conocimos masivamente. Mucha gente de todo el país puede dar fe”.

El guitarrista cree que Pappo no tiene el reconocimiento que se merece. “En un pequeño bolsillo de la campera que todos vimos por Crónica TV ese maldito 25 de febrero había una libreta, con proyectos de letras, para ninguna compañía. Murió sin un contrato con alguna empresa interesada en su obra: eso es lo único para decir”, opina.

“En 1978 armamos Pappo’s Blues en Madrid, España, con mucho éxito –recuerda el guitarrista-. Una noche tocamos en un boliche, y de la primera nota a la última, los ojos del público se clavaron en él. O sea, ese ‘ángel’ que nosotros percibimos, no era sólo nuestro cariño, era posta. Esas personas, allí en los cerros madrileños, no lo conocían de ningún lado”.

Botafogo lo vio por última vez unos días antes de su fallecimiento: habían estado tocando la guitarra acústica en las sierras cordobesas. Supone que a Norberto le gustaría que lo recuerden tocando, y se lo imagina diciendo (con voz cavernosa y mirada torva): “¡Basta de boludos, toquen!”.

“En el estudio era muy simple, no le importaba nada y casi todo quedaba en la primera toma –cuenta el ingeniero de sonido Álvaro Villagra, quien estuvo a cargo de varias de sus grabaciones (como “Que sea rock” de Riff, “Pappo y amigos” y “Buscando un amor”)-. Dejando de lado la música, fue la persona más increíble que conocí, diez escalones arriba que cualquier otro, y también la más graciosa. Nos hizo llorar de risa a todos. Una vez me dijo: ‘Me voy a hacer seguir para ver en qué ando’”.

Para Villagra, “Charly, Pappo, Spinetta y Iorio son lo más grande de nuestro rock. Aunque amamos a los cuatro, El Flaco es el más reverenciado, pero la gente no recuerda que armó Pescado Rabioso con los músicos de Pappo’s Blues 1: Black Amaya y David Lebón; y que luego formó Invisible con los integrantes de Pappo’s Blues 3: Machi y Pomo. O sea, las 2 mejores bandas de Spinetta salieron de Pappo’s Blues”.

A siete años de la tragedia, el periodista Sergio Marchi –que se dio el lujo de relatar la vida del “guitar hero” en su libro “El hombre suburbano”, editado por Planeta- lo recuerda con cariño: “Me vienen a la mente sus risotadas, y la cara que ponía cuando mentía, que parecía de asombro pero que estaba al borde de la carcajada. Era muy bueno tocando y componiendo, y cantaba de un modo inimitable. Le enseñó al rock cómo se rockea de verdad”. Para Marchi, que lo vio sobre el escenario por primera vez a los quince, Napolitano no fue el último rocker argentino. “¿Quién puede saberlo? Suena a eslogan berreta, pero sí fue único”.

El exeditor de la revista Soy Rock, Pablo Mileo, hoy en revista Barcelona, piensa que todavía hay otros exponentes vivos como Ricardo Iorio, o “Pity” Álvarez. “Lo que tienen en común es que son auténticos, renegados sociales, y viven (y vivieron) al límite. A Pappo lo veo más como una suerte de superhéroe, un enviado local de los bluseros americanos que le mostró al rock argentino todo lo que se podía hacer con la escala pentatónica. Norberto se sentiría a gusto siendo recordado de esa manera, como alguien que luchó por mantener intacta la esencia del rock and roll más clásico. Creo que por eso tampoco aceptaba muchas cosas que se apartaran un poco de lo que él consideraba ‘rock’. Y sus modos para expresar esa idea eran muy divertidos. Como la famosa frase que le tiró a Dj Deró, que la ligó por algo mucho menos aberrante que hacer música en vivo con un iPad, como Dj Zuker”.

Para Pablo Strozza, de la revista Rolling Stone, hay solo dos personas que podrían haber entrado a una villa y salir sin un rasguño: “Maradona y Pappo. Cuando pienso en Napolitano, se me vienen a la mente dos temas de Riff: ‘Pantalla del mundo nuevo’, que recitábamos en el colegio como el Padre Nuestro, y ‘En la ciudad del gran río’, con la mejor metáfora del obelisco y el Río de La Plata (Alrededor del tótem blanco, herejes y santos parecen decir, hoy quiero nacer y morir en la ciudad del gran río)”.

Como una especie de presagio, Napolitano declaró unos meses antes de la tragedia: “pienso que voy a morirme en un accidente con moto o auto”. Según dicen los que saben, se fue en su ley. Pero los acordes de su Gibson seguirán en los oídos de todos, y él no morirá jamás. Que sea rock.

Publicado en www.rock.com.ar el 24 de febrero de 2011.

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