Liniers: “Cuando me llamó Calamaro, pensé que era una broma de mal gusto”

liniers

(Texto publicado en la revista Dale). El dibujante nunca imaginó que iba a trabajar con músicos como  Andrés Calamaro, Kevin Johansen y Lisandro Aristimuño. Qué lo vincula con ellos.

Por Fabrizio Pedrotti.

A Liniers, la pasión por el dibujo le llegó como a cualquier niño: a los dos o tres años. Pero durante la infancia, muchos se aburren o se frustran y deciden buscar su hobbie en otro lugar, como el piano, la guitarra u algún idioma extranjero. Ese no fue su caso: él llevaba los lápices en las venas, y la pasión por el dibujo hizo que transforme su pasatiempo en una forma de vida: “Nunca pensé que iba a ser mi trabajo, porque siempre creí que Quino y Fontanarrosa no eran seres humanos. Me tomó por sorpresa, y con el tiempo se fue dando. Ahora, finalmente dibujo y me pagan (risas)”.

Ricardo Siri (como figura en su documento de identidad) pasó por medios como Página/12, La Nación, La Mano y Fierro; y su nombre está impreso en más de quince libros. Pero a este dibujante/conejo (como él se representa en sus historietas) la vida le deparaba algo más.

Siempre fue un apasionado por la música: se define como un melómano incurable y ama ir a shows. Tiene adoración por cantautores como Bob Dylan, Leonard Cohen y el argentino Gabo Ferro, y admite que su oficina estuvo llena de discos desde un principio: “Los dibujantes estamos todo el día sentados frente a un escritorio, y la música es la mejor compañía”.

Lo que Liniers nunca imaginó es que su trazo iba a llenar las portadas de los álbumes de algunos músicos que admiraba: Kevin Johansen (“Logo”, de 2007), Andrés Calamaro (“La lengua popular”, de ese mismo año) y Lisandro Aristimuño (en un disco homónimo que se editó en España y Chile). El proceso, en todos los casos, fue similar: “No hay demasiados secretos. Te llegan los temas, los escuchás mucho -incluso cuando dibujás- y las ideas van saliendo”.

KEVIN JOHANSEN

– ¿Cómo nació el contacto con él?

-Lo escuché por primera vez en el programa de Fernando Peña (quien por aquella época conducía “El parquímetro”, en Metro), y me gustó mucho. Me llamó la atención su voz y las canciones que cantaba, así que me compré su disco y fui a uno de sus shows. Por su apellido y porque tiene el tono de Barry White, pensé que iba a salir al escenario una especie de “vikingo gigante”, pero en lugar de eso vi a un “Piojo López” con una guitarrita (risas). Más allá de eso, me di cuenta de que era un músico interesante. Por esa época publicaba en el suplemento NO de Página/12, y siempre me pedían que hiciera historietas sobre artistas, así que se me ocurrió hacer una en la que apareciera él. A partir de ahí nos hicimos amigos.

-Pero ninguno de los dos imaginó que iban a terminar trabajando juntos.

-Exacto, porque eran dos disciplinas que no se mezclaban demasiado. Un día, su stage manager le dijo: “Él dibuja y vos tenés el escenario en blanco. ¿Por qué no hacen algo juntos?”, y se dio. Mientras su banda interpreta canciones, yo pinto lo que me reflejan los temas. Lo bueno es que ya éramos amigos, así que trabajamos con confianza.

-¿Cómo son los ensayos?

-Nunca practicamos, todo lo que aparece en los shows es espontáneo e improvisado. No tuvimos una reunión en donde nos organizamos, porque nos da gracia hacer divertir, y a veces nos pasa  que uno de los dos hace algo y el otro no puede más del ataque de risa. Es así.

-Compartieron escenarios en países como España, Venezuela e Inglaterra. ¿Cómo es para un dibujante salir de gira?

-¡Muy divertido! Es como en la película “Casi famosos”, que hay una especie de niñito nerd que se va de viaje con una banda de rock, y yo sería ese (risas). Además, mi mundo fue siempre muy solitario: estaba dibujando tranquilo. Por eso, salir y trabajar con gente es muy valioso. Para un ilustrador es fundamental cambiar de lugares, porque tiene que pensar ideas que no sean rutinarias. Así que rescato eso, lo más lindo es el viaje.

Además de haberle dibujado un disco y de pintar en vivo en sus recitales, Liniers trabajó con Johansen en el libro “Oops!”, lanzado por De La Flor en 2007. La idea nació a partir de Daniel Divinsky, el fundador de la editorial. El músico tenía todas las letras casi hechas y el historietista muchos dibujos que había guardado de hacer shows juntos durante varios años. Liniers comenta con humor: “El libro se armó sólo, ni tuvimos que laburar… ¡un placer!”.

EL SALMÓN

-¿Cómo fue tu primer acercamiento a Andrés Calamaro?

-Estaba terminando la tapa del disco que le ilustré a Kevin Johansen, y de la nada me llega un mail suyo, diciéndome si quería diseñarle la tapa de un álbum. Inmediatamente pensé  que eran mis amigos haciéndome una broma de mal gusto, y que en el caso de que fuera real, él no iba a querer porque estaba trabajando con otro músico. En lugar de eso, me dijo: “Sí claro, cómo no. Vamos a compartir artistas”, así que en 2007 me di el lujo de hacerle la portada a dos tipos de los que soy fanático.

-¿Te impusieron sus criterios o te dejaron “volar”?

-Por la amistad que teníamos, Kevin me dijo que haga lo que quiera, y Calamaro, por heroísmo, también. Fueron gestos muy lindos. Si te gusta lo que hace alguien y le tenés confianza, lo tenés que dejar suelto, porque si le ponés límites el trabajo final se achata.

-¿Cómo te sentiste cuando viste esos dibujos en remeras, pósters y flyers?

-Fue muy extraño. Las encontré en lugares rarísimos, hay un almacén de Colombia que se llama “La lengua popular” y están los dibujitos míos (risas). Cuando te acercás a músicos conocidos, lo que hacés sale para todos lados.

El tiempo que le llevó cada uno de sus trabajos fue relativo. En el caso de “La lengua popular”, como debía diseñar el arte completo, tardó dos meses. Cuando se trata solamente de una portada, admite que no demora más de tres días. Liniers agrega: “La verdad que el de Calamaro me pareció tan increíble que lo llené de ilustraciones para quedarme con los bocetos originales. Nunca pensé que iba a tener el dibujo de la tapa de un disco suyo (risas). El coleccionista que tengo adentro mío está muy feliz con ese pedazo de memorabilia”.

Al historietista le hubiera gustado trabajar con Charly García, Luis Alberto Spinetta o Gustavo Cerati, porque creció escuchando música nacional. Aún así, admira la nueva ola de intérpretes rioplatenses: “Se está viviendo un momento interesante. Se volvió más fácil grabar y apareció una escena de cantautores como Pablo Dacal, Lisandro Aristimuño y Gabo Ferro que me atrae mucho”.
Aún así, admite: “Ser músico me hubiese gustado más que ser historietista, pero mi inutilidad musical es impresionante. Entonces me las arreglé para hacer “Knockin’ on heaven’s door” (de Bob Dylan), con tres notas. Siempre la toco mal, pero cuando la hago con el grupo de Kevin… ¡sale buenísima!”.

Por Fabrizio Pedrotti.

Publicado en la revista Dale en julio de 2012.

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