Los Pericos: “Fue complicado trabajar con 2 Minutos”

El cantante y guitarrista de la banda de reggae cuenta que cambiaron la manera de trabajar en el estudio. Cómo sigue la historia después del fallecimiento de su saxofonista y miembro fundador, Horacio Avendaño.

Por Fabrizio Pedrotti (para la Revista Dale).

Foto: Carolina Vélez.

La entrevista con el líder de Los Pericos se dio unos días antes de que una tragedia golpeara a la banda. El jueves 18 de julio, el saxofonista y miembro fundador Horacio Avendaño falleció, luego de una larga pelea contra el cáncer.

En la redacción de Dale surgió un planteo ético: ¿Posponemos la publicación de la nota de tapa ante un hecho de estas características? Luego de comunicarnos nuevamente con Juanchi Baleirón, él dio el visto bueno para que el texto salga tal como estaba estipulado.

“La banda no va a parar, seguir activos es la mejor forma de recordarlo y homenajearlo. No somos formales con el luto, el Negro va a quedar siempre con nosotros”, aclaró. Así que, también en honor a Avendaño, esta es la entrevista original que iba a publicarse desde un primer momento.

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Cinco años. Eso fue lo que le tomó a Los Pericos volver a trabajar en nuevas canciones. Puede parecer mucho tiempo, pero no es tanto si consideramos los incontables shows que el grupo dio en nuestro país y en el exterior, y el suceso de “Pericos & Friends”.

Después de un álbum tan exitoso (en el que reversionaron clásicos con invitados como Emiliano Brancciari de No Te Va Gustar, Guillermo Bonetto y The Skatalites), no venía mal un descanso del mundo de los estudios.

Pero para el próximo disco, la manera de componer fue distinta. “Empezamos a trabajar en los ensayos, como hacíamos antes. Tocamos y dejamos salgan las ideas, para después darles forma. Además, cada uno trajo propuestas desde sus casas, que era al revés del proceso de los últimos álbumes”, cuenta Juanchi Baleirón, cantante y guitarrista de la banda.

-¿Por qué se dio ese cambio?

-En la nueva etapa de Los Pericos –luego de la partida del Bahiano- cada uno estaba muy ansioso por mostrar su material. Quizás antes sólo pasaba por co-escribir con él, al ser una fórmula éxitosa. En “7” y “Pura Vida” hubo temas de todos, algunos escritos en conjunto y otros individualmente. Ahí eran más pensados los arreglos, tipo laboratorio, instrumento por instrumento. Acá empezamos a interactuar en la sala, con una vibra súper perica y retomando eso, que está buenísimo. Cuando vamos a los shows y probamos sonido, generalmente zapamos y suceden estas cosas, que son las que estamos tratando de recrear en los ensayos. Nos sentimos bastante balanceados, más seguros y relajados.

Baleirón cuenta que todavía no hay fecha de salida para el disco. Tampoco está confirmado el nombre: “El título tiene que definirlo, y no al revés. Va a cerrar lo que los temas digan”. Además, adelanta que quizás no sea lanzado como un CD estándar: “Si encontramos una canción que nos guste mucho, puede empezar a rotar un buen tiempo antes de que terminemos el álbum. Sería algo diferente, y no necesariamente habría que esperar tanto”.

También adelanta que la duración del disco podría ser menor. “Estamos desestructurando cosas históricas de la industria musical. Cambió todo. No me voy a quedar pensando en que el pasado fue mejor, hay que ser ágiles y seguir adelante. Decidimos mantener firme la estructura de Los Pericos, pero a la vez flexible. Siempre sobrevivimos porque soportamos los temblores –agrega-. Somos como una palmera: nos bancamos el viento y la marea, y seguimos de pie. Ahí tenés el título de la nota (risas). Más allá de que se haya ido el Bahiano, que era alguien importante, continuamos en esta banda porque queremos, y porque nos divierte. No es un trabajo, es una elección de vida”.

-Apenas te tocó reemplazarlo dijiste que te sentías un guitarrista que cantaba, y no viceversa. ¿Hoy cómo te ves?

-Creo que sigo siendo eso, pero mejoré como frontman. Lo ejerzo mejor, más divertido y más espontáneo. Ahora me río, y soy de burlarme de los clichés del rock y de los vocalistas. El pomelismo fue algo genial, que nos generó a todos una visión diferente. Entendí que también tengo que comunicar con el cuerpo. Conozco mis limitaciones, pero lo hago con ganas y entusiasmo. Abajo del escenario me sale más el rol de guitarrista, y cuando estoy arriba me pongo la capa y salgo volando como vocalista. Al principio estaba muy enroscado conmigo mismo y no disfrutaba tanto. Usaba mi instrumento como escudo, y no me lo bajaba nunca.

EL DEBUT COMO CANTANTE

El primer show oficial sin El Bahiano se dio en El Teatro de Flores, en agosto de 2004. Juanchi recuerda que fue una “montaña rusa” de sensaciones. “Entoné los temas y cumplí. Había mucha emoción, pero cero disfrute pleno. Pasé de estar seguro de mí mismo como guitarrista, a encarar un terreno ultra expuesto y nuevo. Terminamos el show y nos abrazamos emotivamente. Así y todo, fue buenísimo que haya sucedido”.

-¡Imagino tus nervios!

-Era un rejunte de cosas. Había viejos fans, familiares y una cantidad de emociones atravesadas. Hoy cuando hay un show pequeño, como son exclusivamente seguidores, me pongo más nervioso que con uno grande. Con los fanáticos tenés un examen: necesitás sorprenderlos, y no podés dejar nada librado al azar. El megaconcierto es para agitar, hay canciones que las tocás y todos se contagian.

-Los más puristas también dijeron que directamente eras un “imitador” del Bahiano. ¿Cómo te lo tomabas?

-Me salía así, pero después me acomodé. Fueron 17 años de escucharlo, y era obvio que iba a cantar parecido al principio. Hay ciertas composiciones que tienen una impronta muy de él, y es muy difícil escaparse. Pasa en canciones que quizás no tocamos tanto acá, como “Párate y mira”. Me sale una Bahianada de adentro, pero porque está impresa en el tema (risas).

 

PERICOS EN ESTADO SALVAJE

Siempre con la idea de innovar, la banda se sumó a la lista de grupos que optaron por formatos acústicos, como Attaque 77 y Guasones. Aunque no editaron discos de este modo –como sí lo hicieron los demás-, dieron una serie de shows así. “Fue un ciclo re lindo y la pasé muy bien. ¡Casi twitteo en vivo! Estaba con el iPad porque tenía algunas letras, pero le dije al público que se quede tranquilo que no iba a publicar nada”, se ríe el vocalista.

-Attaque 77 contó en Dale que tocar de manera desenchufada puede influenciarlos en su próximo disco. ¿A ustedes?

-Creo que quizás haya algo del espíritu. No sonoramente, pero sí la esencia de bajar la intensidad y disminuir la dinámica, que no sea todo al palo. La idea es tener atmósferas y climas diferentes. Capaz eso sea lo más importante que nos dejó este acústico. Nunca habíamos hecho un show entero así; siempre un set en el medio, pero no terminaba de generar un clima. Acá, conceptualmente los conciertos eran tranquilos. Entonces estábamos sumergidos nosotros y el público en una atmósfera menos intensa. Le dábamos rienda suelta a vivir el concierto en ese estado, a que las canciones viren y sean tocadas sin tanto volumen. Esas cosas son las que nos van a quedar, claramente, para este disco. Va a ayudar a ampliar la dinámica, a darle esos colores de intimidad.

-¿Lo vas a producir vos?

-Comparto el rol con mis compañeros, es una forma diferente a lo que hago por fuera. Tenemos una relación de amigos y se hace muy difícil ponerse en esa posición, que a veces parece ser medio despótica o puede generar roces. Los chicos respetan mis opiniones, y de hecho mis logros hablan por sí solos. Pero en Los Pericos, las ideas y los conceptos salen de todos. Ese es nuestro espíritu.

-Fuiste productor de grupos como No Te Va Gustar, Ciro y Los Persas y Attaque 77. ¿Se complica lidiar con la personalidad de los grandes?

-Si hay algo que me gusta de este proceso es la parte psicológica: cómo interactúan las bandas, cuáles son los roles, cómo fluye la música y, fundamentalmente, entender ese ego. Es un mecanismo de autodefensa que tenemos todos, y no es negativo. Sí se transforma en algo malo cuando tenemos demasiado. Como productor, tengo que encontrarle la vuelta para que todos estén cómodos. No les grito “toquen bien”, porque así no saco nada. Conviene que les comunique eso, pero que no estén a prueba ni con miedo. Sobre todo con las bandas nuevas.

-¿Cuáles son las diferencias de trabajar con los artistas mainstream?

-Entiendo al exitoso y al under, porque también lo fui. Con los consagrados hablo de igual a igual en muchas cosas, como la experiencia y la relación con el éxito. Tengo un lenguaje muy parecido, entonces se relajan porque me entienden. Mi trabajo está en olfatear qué es lo mejor para el grupo. Nunca voy a laburar en un disco en donde una banda haga algo que no le cierre o no le convenga artísticamente. No todo tiene que ser para la radio. Trato de potenciar las canciones para el lado que vayan. Hay que mostrar opciones, abrir puertas y alinear los vagones del tren. Para mí, la preproducción es todo. El corazón del disco está ahí, así que charlo e interactúo mucho en la previa. Es el lugar en donde suceden las cosas más extremas. Nunca tengo que dejar de oír como el público. Por ahí me dicen: “Vos que sos músico, decime qué pensás de esto”…  y yo lo escucho como todos, me gusta o no me gusta. Cuando me dan demos, a veces no respondo porque no me sedujo, no porque esté mal. Es como cuando a alguien le gusta una chica. Si no existe eso, es difícil que me suba a un proyecto. Es un trabajo que no se ve, y tampoco se mide. No soy un couch.

-¿Estás más cerca de ser un director técnico?

-Ponele. Soy una mezcla de eso, director de película y de artes. Además, me meto en el guión y en la fotografía. No creo que en los discos, salvo excepciones,  todos estén conformes. Quizás algo les guste a todos, pero si no rompió con una estructura no tiene sentido. Eso sucede en muchas bandas. Con Los Auténticos Decadentes me pasó algo gracioso, mientras grabábamos “Sigue tu camino” (2003). “La prima lejana”, que fue un hit, estaba quedando afuera. Les dije que tenía que entrar, porque se caía de maduro que iba a andar bien, pero decían que no porque había muchos temas de Diego –Demarco, cantante y guitarrista-. ¡Era una cuestión política! Les dije: “Está bien, discútanlo y compénsenlo de otra manera, pero esa canción no puede faltar”. Tiene que ver con los egos también, si esa defensa es ridícula y cuadrada termina en resoluciones fallidas. Las malas decisiones son las temerosas, porque se quedan a mitad de camino. ¡Hay que arriesgarse!

-¿Te pasó de no rolar como productor y dejar un proyecto?

-No, aunque con 2 Minutos fue difícil trabajar. Los quiero mucho, pero son complicados. Igual los discos que hicimos quedaron bárbaros, y no me arrepiento de nada. Con Mal Momento también pasó algo similar, pero por una dinámica diferente de comunicación.

 

ENTRE PLUMÍFEROS SE ENTIENDEN

-Sos fanático de Twitter. Lo raro es que no lo usás como músico, sino que posteás chistes.

-Me divierte eso. Cada tanto recomiendo canciones o comento algo del grupo, pero son sólo el 15% de las publicaciones. Encuentro en el pajarito un lugar para jugar. Muchos no lo entienden, y esperan que esté hablando todo el tiempo de música. Es mi cuenta personal, Los Pericos tienen la suya.

-¿También la manejás vos?

-Depende, a la clave la tenemos varios. Jugar implica también leer a usuarios copados, no hay que tomarlo tan en serio. Si en tu vida real todo pasa por Twitter, estás un poco mal. Los pensamientos que publico son cosas que tuve en la cabeza toda mi vida, así como los juegos de palabras y los chistes. A veces a la noche, como estoy un poco más al pedo, le dedico más tiempo a interactuar con los demás. Pero me hice muchos amigos. Facebook te trae de vuelta relaciones que por alguna razón perdiste, y Twitter te acerca usuarios con los que te tenés que encontrar. Hallo un lugarcito en común con mucha gente divertida. Dado mi perfil de exposición, también salen asuntos laborales o sponsors, aunque no es la meta. Hay algunos que se lo toman demasiado en serio, como la Presidenta.

-¿Por qué?

-Twittea hasta lo de Game of Thrones –lo dice por los comentarios que Cristina Fernández de Kirhcner publicó en abril-. Debería bajar un cambio. No es malo que vea esa serie, pero es la figura máxima del país. Que lo escriba un boludo como yo está bien, pero que lo haga ella… Tiene que coparse y cuidar un poquito eso. Pero es su forma de ser, como “descontracturada”.

-Tenés cuentas paralelas con otros amigos, en las que sus nombres permanecen ocultos. ¿Son conocidas?

-Hay una que sí. Y la otra tira piedras, pero bien, con inteligencia (risas). No puedo decir cuáles, porque se terminaría el chiste.

-Andrés Calamaro sube muchas canciones. ¿Nunca pensaste en hacer eso?

-No, soy de exponerme menos. Él hace cosas experimentales, algunas con formas de temas, otras más sampleadas. Son como juegos, twitts musicales. Es divertido, pero a mi música la dejo para los discos.

-En octubre de 2012 nació Catalina, tu segunda hija. ¿Dejaste de publicar un poco en esa época?
–No te creas (risas). Estoy embobado con ella, y sí ocupa más tiempo en mi vida. Igual, twitteo para sacarme cosas de adentro. Cuando falleció mi papá, el año pasado, también lo hice. Eran textos que no tenían nada que ver con él, pero necesitaba exorcizar cosas y evadirme. Catalina llenó la casa de amor, y a mi otro hijo de celos (risas). La paternidad me agarró de grande, pero feliz de la vida. Con mi mujer –manager de Los Pericos- estamos chochos, porque tenemos un nene y una nena. Ya de por sí existe una bola de energía dando vueltas por la casa, y más ahora que llegó ella.

-Hay un tema de Pura Vida que se llama “Santos”, como tu hijo. ¿No pensás que Catalina se va a poner celosa si no le escribís uno también?

-(Se ríe). Voy a ver, puede que sea una de las temáticas.

-¿Y redactar sobre Twitter?

-Estaría bueno hacer temas en 140 caracteres (risas).

-“Poetwitts”, como les dicen por ahí…

-¡Exacto! No hay dudas de que la red social también fue una piedra para afilar y ver qué sale. Seguramente en el nuevo disco van a haber juegos de palabras y cosas que tengan que ver con eso. Por todo lo que leí y por las pavadas que escribo, estos dos años de Twitter me van a dejar algo en la forma de componer.

 

Recuadro: ¿Cómo sigue la historia?

Sobre la partida de Avendaño, Baleirón dice que fue “muy duro, y difícil de aceptar. Son esas cosas inevitables de la vida”. Y añade: “Por ahora nadie va a reemplazarlo. Veremos si alguien llega a tocar el saxo más adelante”. De ese modo, la sección de vientos sólo estará compuesta por James Suggs en trompeta y Juan Canosa en trombón. “El Negro dejó varias canciones con letra y música, que seguramente grabemos en el próximo disco”, finaliza.

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