Bad Religion en el Estadio Malvinas Argentinas: la vida sin Hetson

Por Fabrizio Pedrotti, para la revista Soy Rock.

“Me da la impresión de que en la banda, el único punk de tiempo completo es Greg Hetson”, le dijo un periodista chileno al baterista Brooks Wackerman en 2011. “Diste en el clavo”, respondió el estadounidense.

Sobre el escenario del Estadio Cubierto Malvinas Argentinas están el cantante Greg Graffin, el bajista Jay Bentley, el guitarrista Brian Baker y el propio Wackerman. Pero Hetson, quien acompañaba al grupo desde mediados de los ‘80, se alejó unos cuantos meses atrás por “problemas personales”. Lo extraño es que, aún con un reemplazante desde el año pasado, los carteles publicitarios del concierto lo seguían mostrando.

Mike Dimkich, guitarrista en vivo de The Cult hasta 2013, es el encargado de ocupar su lugar. ¿Lo logra? Musicalmente, sí: Bad Religion le da la oportunidad de meter solos en algunos de sus hits (“21st Century Digital Boy”, o “Infected”, por ejemplo), y en ningún momento se nota que es un nuevo miembro.

Pero carismáticamente, Hetson es muy complicado de reemplazar. Mientras que el pelado se movía con su Gibson SG de un lado para el otro y contagiaba de energía al público, Dimkich parece estar inmerso en su propio mundo. Pasa gran parte del concierto de espaldas a todos, y en los primeros temas apenas se mueve de su lugar. Por suerte, a medida que transcurren los minutos se suelta y se lo nota más cómodo.

Greg Graffin oficia excelentemente como maestro de ceremonias. “¡Es bueno verlos de nuevo! Con los años se ponen mejores y mejores. Especialmente vos… amo tus imágenes”, exclama en broma mientras señala a un fotógrafo que intenta conseguir la toma perfecta con su cámara. El estadio completo se une en un canto de hinchada, que deja a los músicos sin palabras.

En 2011, cuando la banda tocó en el mismo lugar, el vocalista improvisó una canción a tono con el “olé, olé, olé, olá” argentino. Ahora, baila eufóricamente. “Muchas gracias, esto fue Bad Religion –agrega, y el grupo completo amaga con irse-. Mejor suban ustedes. ¡Hacen que dar un concierto sea tan fácil!”.

El bajista Jay Bentley es la otra gran estrella de la noche. Desafía al público, lo pone a prueba y trata de cubrir escénicamente la ausencia de Hetson. Baker, en la otra punta de las tablas, recibe gustoso una remera que le tiran. Graffin es quien retribuye el regalo, en un castellano bastante aceptable: “Gracias por la camisa. Estoy muy cansado, y mi español es muy malo. Lo estudié dos años en la escuela, pero no lo comprendo”.

El idioma no es un impedimento para que el cantante anuncie que habrá material viejo: ahí es cuando “I Want to Conquer the World” y “Stranger Than Fiction” le sacan sonrisas a las cinco mil personas que copan el estadio.

Wackerman, quien en una gira por Australia reemplazó al baterista de Blink-182, Travis Barker, se luce con una rapidez increíble dentro de “New Dark Ages”. En Bad Religion está todo fríamente calculado: las canciones son cortas pero con eso basta para que suenen completas, las letras no tienen ni una palabra de más, los solos y los riffs son concisos.

Quizás con el fin de exprimir la presencia de Dimkich –hay que recordar que tuvo un pasado orientado en gran parte al hard rock-, la formación le saca telarañas a varias gemas menos punk, que no habían aparecido en la visita anterior. Por ejemplo, la oscura “Struck a Nerve”, “New America” (con un guiño a nuestro país incluido en la letra) y “Raise your Voice”.

“Queremos venir más seguido. ¿Alguien tiene un sofá para que nos quedemos en su casa? Aprovecho para dedicarle esta canción a todos”, dice el cantante antes de “You Are (The Government)”, y abre así un bloque de cuatro temas del disco Suffer (1988). Aunque sobre el escenario sólo haya dos de los músicos que grabaron en ese álbum, la seguidilla suena increíble.

Como de costumbre, el guitarrista Brett Gurewitz tampoco participa de esta gira. El californiano graba en los discos de Bad Religion, pero mientras la banda da la vuelta al mundo él se encarga de manejar Epitaph, la compañía discográfica que fundó en la década del ’80 y que además es la “casa” del grupo.

De True North (2013) suenan el tema homónimo, “Fuck you” (que acertadamente abre el concierto), “Dharma and the Bomb”, “Past is Dead” y “Dept. of False Hope”, que lo cierra. Así como el arranque es correcto, el show tendría un sabor más dulce de haberse simplemente terminado con algunos de los otros bises que aparecen: “Generator”, “American Jesus” o incluso “Infected”.

A Graffin se le nota el paso del tiempo: está canoso y su contextura física cambió bastante. “No quiero llegar al punto en el que empiece a perder más cabello y a volverme gordo. Seguramente, alguien va a ser tan honesto para decirme cuando pase”, confesó hace unos años en una entrevista incluida en el documental Along the Way (1990).

Por más que nos duela, el cantante ya alcanzó ese estado. Pero por suerte para nosotros, nadie le avisó, y esperamos que tampoco lo haga. Canoso o no tanto, flaco o con unos kilos de más, lo seguimos bancando. Y él mismo se defiende en la primera estrofa de “Land of Endless Greed”, de su último disco: “No me importa lo que puedan decir los demás. Tengo que continuar y vivir mi vida”. ¡Ése es un verdadero punk!

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