Vicentico: “Siento que algo se termina, pero no sé qué”

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El cantante acaba de lanzar Último Acto, un CD + DVD que mezcla canciones nuevas con éxitos regrabados. Y aunque todavía siente la necesidad de componer, dice que podría no lanzar otro disco. Además, cuenta que con Los Fabulosos Cadillacs planean tocar el año próximo.

Por Fabrizio Pedrotti, para la Revista Soy Rock (diciembre de 2014).

Desde principios de noviembre, Vicentico subió a las redes sociales una serie de videos en los que transmitía sus novedades. Ninguno duraba más de tres minutos, pero todos tenían una particularidad: su voz sonaba modificada, como si fuera el protagonista principal de Alvin y las Ardillas. “En realidad, no los grabé yo. Fue otra persona –se ríe el cantante desde las oficinas de la compañía discográfica-. Mentira. No sé, estaba aburrido en el hotel, de gira. Es una aplicación para el celular que me divirtió un rato”.

Así como Vicentico afirma no ser el protagonista de esos clips, también expresa que los dos seres que aparecen flanqueándolo en la tapa de Último Acto (2014) –y que son idénticos a él- son otros individuos. A la izquierda hay una señora con labios pintados y aros, y a su derecha un empresario con un Grammy en la mano.

-Dijiste que en la tapa de Sólo un Momento (2010) se podía ver a “un ser salvando a otro”. ¿Cuál es el significado de este nuevo arte?

-No sé mucho, la verdad. Simplemente se me ocurren cosas y las hago. Eso ni siquiera quiere decir que crea que están buenas. Se me vienen ideas, y si siento que tienen que ser así y que van a contar algo, las hago. Es como una canción, se trata de confiar en que estás transmitiendo algo conmovedor, en cualquiera de los sentidos. Es una herramienta más para que a la persona, cuando vea la tapa, le intrigue algo sobre qué cosas pueden pasar ahí adentro.

Y hablando de ideas, Vicentico admite que grabar Último Acto no se le ocurrió a él. El álbum salió en noviembre, y es un disco con catorce reversiones de sus mejores canciones (“Sólo un Momento”, “Culpable”, “Paisaje”, “Los Caminos de la Vida”), más cuatro temas nuevos. Según señala, la propuesta fue de Sony Music. “A la vez, el material está tan repleto de conceptos míos, que en este caso es lo de menos. Si me invitan a jugar un juego y creo que puedo hacerlo, lo intento. Trato de llevarlo adelante al máximo. Este álbum es lo mejor que pude lograr, dentro de mis parámetros”.

-Tus tres primeros discos solista tenían bandas grandes, pero en los dos siguientes incluiste arreglos simples. Ahora volviste a la idea inicial, y convocaste a orquestas como la de Nueva York. 

-Sí, en realidad como este disco es recopilatorio, busqué regresar a la raíz de la música que hago. Hubo otros grupos que me ayudaron, de Nashville o Los Ángeles, y maneras de tocar que me gustaba explorar. Entonces le di para adelante a esas ideas. Para un músico, lo más lindo es el placer de compartir las canciones con otros colegas. Ya había salido un grandes éxitos mío en 2008, pero no fue algo que lancé yo. Acá estuve presente en todo, y en realidad es un álbum nuevo, porque fue grabado de manera exageradamente distinta.

-¿En qué cosas?

-La cantidad de músicos, por ejemplo. Algunos temas están más parecidos a los originales que otros, pero es un paseo musical que a mí me gustó hacer. Sobre todo siendo mi parte solista, porque obviamente que el álbum es súper caprichoso y las cosas son como son porque uno se obstina, en el buen sentido. Último Acto es totalmente egocéntrico, en el sentido de que dije: “A esto lo quiero grabar así, de tal forma”. Lo mismo que la tapa, y por eso no hay un porqué demasiado explicable.

-Lo hiciste en diferentes lugares. ¿Te preocupó que no sonara todo íntegro?

-Me parece que si el eje del disco es “la persona”, o sea yo, alcanza. Eso hace que el material quede homogéneo, pero porque es mi modo de ver la música. Me gusta todo, nunca dije: “Escucho rock, pero no lo otro”. Siempre admiré a artistas de diferentes lugares. No tengo miedo de la variedad, nunca fue un problema pensar: “¿Cómo hago para que esto conviva?”. Si para alguien no se relacionan, no importa. Pero si para mí coexisten, ya me alcanza.

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EL ARTE DE COMPONER           

-¿Los cuatro temas nuevos los escribiste para esta ocasión?

-Sí, a algunos los hice solo, y a otros con Cachorro López. Trabajamos como si fuera un disco entero, la premisa era laburar y laburar. Armamos muchos, y de los que quedaron como demos elegimos estos, porque nos parecía que funcionaban con el recopilatorio.

-¿Seguís pensando a las canciones como si fueran singles?

-Sí, me parece que es el modo. A lo mejor uno termina un montón de temas y son todos diferentes, pero hay un espíritu que los une, que creo que es parte de la música y del artista. Cada uno tiene que tener un peso individual, no puedo dejarlo a medias. Así como me gusta el ocio, si estoy componiendo algo y lo voy a incluir en un CD, nada debe quedar librado al azar. Para mí, cada canción es un mundo. Hace un tiempo se me olvidaban, y me amargaba porque no llegaba a grabarlas ni a meterlas en ningún dispositivo. Pero con los años me di cuenta de que siempre están, y que en algún momento reaparecen solas. Te ponés a buscar y esas ideas emergen, y recordás que te habían surgido hace mucho. Igual ahora trato de guardar todo, porque tengo millones de ocurrencias.

¿VICENTICO PARA RATO?

-En una nota de Chile deslizaste que éste podría ser tu último disco. ¿Cuánto hay de cierto?

-Viste cómo son las entrevistas… (risas). No sé, es obvio que capaz no grabe más nada. Pero porque la vida es así: uno nunca sabe qué le va a pasar al otro día. Ese es un sentido, y es real. La frase también encierra otras lecturas, infinitas, tantas como personas que la lean. Y yo tengo la sensación de que algo se termina, y no sé bien qué es. Desconozco si empezará otra cosa o no. Pero sí hay una etapa que llega a su fin. A lo mejor me equivoco y mi intuición no es correcta, pero siento eso. Entonces lo digo así, pero no porque esté seguro de que vaya a ser mi último álbum. Tampoco puedo afirmar que haga más, porque me puede pasar de todo. ¿Quién sabe?

-¿Te referís al cierre de un camino musical?

-Sí, podría serlo, o capaz cualquier otra cosa (risas). Para mí la vida es algo tan extraño y te puede sorprender tanto, que lo vivo de ese modo. Es simplemente un disco, tampoco es una guerra. Yo no pienso: “Uy, estoy sacando mi trabajo más importante”. Es mucho menos que eso. En general me quedo detrás de las ideas, nunca delante de ellas. Estoy más escondidito, y hay una persona diferente en las sombras.

-¿Un álter ego?

-Sí, soy yo mismo, pero encarando algo a partir de lo que va pasando. Si de la compañía me dicen que les gustaría un recopilatorio y yo creo que puedo, le doy para adelante con todo el corazón. Después, aparte de eso, hay cosas que tal vez sean más importantes que los álbumes. Por ejemplo, tener tiempo para no hacer nada.

-O para estar con tus hijos y tu familia…

-Sí, eso ni hablar. Pero me interesa el ocio absoluto, y pasar horas sin moverme (risas). Me parece tan primordial como editar un CD. Hay todo un juego ahí, y a veces se mezclan los momentos y las ideas. No soy un esquizofrénico, pero estoy cerca.

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-Si realmente fuera tu último disco, ¿estarías cómodo despidiéndote con este recopilatorio?

-(Piensa). No, me parece que no, pero no estoy seguro. En cierto nivel, sí estoy conforme con todo: con respecto a mi vida, mis expectativas quedaron totalmente superadas. Cuando era chico y pensaba en mis metas, ni se me hubiera ocurrido que iba a estar haciendo una entrevista sobre esto. Por ende es inesperado, y hay algo que “me sobra”. Ahora bien, hay otra fase en donde si me preguntás si esto es todo lo que puedo dar, te respondo que me queda mucho más. Puedo hacer cualquier otro disco. No estoy exhibiendo todo, ni quiero exponerme al máximo. Yo sé que puedo encarar otras cosas.

-¿Fuera de la música?

-No, adentro también. Tengo bastante para brindar, ya veré cómo. Por ahora, hasta acá llegué con esto. En un punto es así, Último Acto cierra un modo de hacer las cosas. Todo depende de cómo sean los próximos dos años. Veré si junto la tranquilidad suficiente como para quedarme relajado y no hacer más nada, o si tengo que seguir.

-¿Te parece que podrías dedicarte enteramente al ocio?

-¿Hoy? Sí.

-¿Pero no tenés una necesidad interna de componer nuevas canciones?

-Sí, pero no de mostrarlas. Nunca voy a dejar de hacerlo, porque me encanta y es tan lindo como meterse en el mar. Es muy bonito, es un momento en donde uno se olvida de todo. Está la vieja pregunta de si la música puede cambiar el mundo… yo creo que sí. Pero no del modo normal en el que uno cree. Se modifica de muchas maneras. A mí me transformó, por ciertos artistas que me conmovieron al punto de vivir cosas inolvidables. Hay conciertos que sé que no me los voy a olvidar, y que son recuerdos eternos. Es inexplicable eso de vibrar al mismo tiempo que otro, como si vos fueras él y él fueras vos.

-Se da una conexión única.

-Sí. Hace un tiempo vi a Neil Young, que dio diez conciertos en New York en enero. Soy muy fanático de él, y lo sigo desde chico. Su voz está atada a muchas sensaciones mías. Yo justo estaba ahí con mi familia, pero las entradas estaban agotadas. De casualidad conseguí en internet un par para una de las fechas. El flaco que me las vendió me citó en el Bronx –la cuna del rap-y fue todo muy turbio, porque aparte no estaban tan caras. Podrían haber costado 2000 dólares, pero las pagué 400. Encima era un pibe rarísimo, y me regaló un porro. Me fui de ahí sin siquiera mirar qué ubicación tenía, pensando que me había cagado. Además hacía un montón que no fumaba. Fui esa noche al Carnegie Hall, y antes de entrar le pegué un par de pitadas al faso. Estaba con mi esposa, miramos las entradas detalladamente y decían “fila dos”. Pensé: “Me estafó de acá a la China, no voy a poder entrar”.

-¿Te asustaste mucho?

-¡Sí, no te imaginás! Empecé a pasar los controles re inquieto, imaginando que me iban a echar. Y terminé sentado en esa ubicación, ahí nomás del escenario. Salió Neil y empezó a cantar solo con la guitarra, e hizo canciones hermosas. Llegó un momento en el que me aplastó contra la butaca. Quedé realmente aprisionado, me sacó el cuerpo, todo. La música tiene eso, entonces yo no voy a dejar de hacer canciones ni en pedo, me copa tocar y componer. Aunque no sé si tengo la necesidad de darlas a conocer. Por un lado hay cosas que sí quiero contar, porque me parece que si lo hago se da esa conexión con otra persona. Nunca la paso mal dando shows, por ejemplo. ¿Pero quién sabe cómo va a seguir todo? Mis próximos años son un enigma.

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Recuadro: CADILLACS

-En 2015, Los Fabulosos van a cumplir 30 años. ¿El cierre de esta fase tuya tiene que ver con reactivar la banda?

-Está todo en funcionamiento, no hace falta que se den las fechas redondas. El modo actual de seguir adelante es simplemente charlando, whatsappeándonos o lo que fuera. No me parece que una cifra sea demasiado importante. Ese es mi modo de verlo, pero capaz Sergio Rotman y Flavio Cianciarulo tienen otra perspectiva. Ojalá que sí, yo creo que vamos a hacer algo. No sé si por el aniversario, pero tocar el año que viene está en nuestros planes. La idea es girar por el país y el extranjero, aunque no hay nada confirmado.

-¿Y un disco?

-También, nos encantaría a todos. Tenemos que encontrar el momento, ya se dará.

-Además estaba filmado el DVD de 2008 en River…

-Hay de todo. Editarlo por los 30 años es una opción, pero no sé si es lo que vamos a usar. Tenemos que juntarnos y ver qué sucede. En realidad nos reunimos todo el tiempo, pero nunca hablamos de eso (risas). Charlamos como amigos. Rotman está en Puerto Rico y Flavio viajó bastante con De La Tierra, pero nos encontramos muy seguido.

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